30 julio 2006
La vicepresidenta y el egipcio
Y dijo Teresa Fernández de la Vega, a cuento de la ley de memoria histórica -que no juzgo, no me malinterpretéis-, lo siguiente:
"Los gobiernos no escribe la historia, forman parte de ella"
¿Candidez o el consabido cinismo del político?
Aquí una frasecita de Sinuhé el egipcio quien, a pesar de ser un personaje de ficción creado por el finlandés Mika Waltari, dice más verdades él sólo que todos los políticos habidos y por haber:
“....y cuanto ha sido escrito lo ha sido por orden de los reyes, para halagar a los dioses o para inducir fraudulentamente a los hombres a creer en lo que no ha ocurrido. O bien para pensar que todo ha ocurrido de manera diferente a la verdad.”
Como muestra de lo dicho, un fragmento de diálogo de la misma novela, en la que se ilustra perfectamente lo expuesto. Sinuhé habla con su amigo el rey de Siria:
“Y yo le pregunté:
-¿Por qué obras de esta forma y por qué detestas tanto a los egipcios, Aziru?
Acarició su barba rizada y, dirigiéndome una mirada de astucia, dijo:
-¿Quién pretende que detesto a los egipcios, Sinuhé? Tampoco te detesto a ti, pese a que seas egipcio. También yo he vivido mi infancia en el palacio dorado del faraón, como mi padre antes que yo y como todos los príncipes sirios. Por esto conozco las costumbres egipcias y sé leer y escribir, pese a que mis maestros me hayan tirado de los cabellos y golpeado los dedos mucho más que a los otros discípulos, porque era sirio. Pero a pesar de esto no detesto a los egipcios, porque he aprendido con ellos muchas cosas y podré regresar a su tierra cuando sea ocasión. Deberían saberlo: un señor y un soberano no detesta a nadie ni ve diferencias entre los pueblos, pero el odio es una potente palanca entre sus manos, más potente que las armas, porque sin odio los brazos no tienen fuerza para levantar las armas. Yo he nacido para mandar, porque por mis venas corre sangre de los reyes de Amurrú y con los hiksos mi pueblo dominó un día todos los países de un mar a otro. Por esto me fuerzo a fomentar el odio entre Siria y Egipto y en soplar entre las ascuas, que se van enrojeciendo lentamente, pero que una vez inflamadas destruirán todo el poderío egipcio sobre Siria. Por esto todas las villas y tribus de Siria deben aprender a saber que el egipcio es más miserable, más haragán, más cruel, más infame, más codicioso y más ingrato que el sirio. Todos tienen que aprender a escupir de desprecio al oír pronunciar el nombre de Egipto y ver en los egipcios unos opresores inicuos, unas sanguijuelas ávidas, verdugos de mujeres y niños, a fin de que su odio sea suficientemente fuerte para mover las montañas.
-Pero todo eso es falso, como sabes muy bien –le hice observar.
Tendió las manos con la palma hacia arriba y dijo:
Esto pasa siempre, y es siempre el pueblo quien paga las consecuencias, aunque en la novela Aziru acabe también fatal. Lo dicho: "¡Políticos, menos trolas, que os tenemos calaos!"
Imagen de la vicepresi obtenida de juanitogrillo.com
12:55 Anotado en Literatura | Permalink | Comentarios (0) | Email esto



Dejar un comentario